Las fracturas de los cuerpos vertebrales, denominadas "por compresión", son más frecuentes en las personas mayores porque con el avance de los años, se observa una pérdida de la masa ósea generalizada, lo cual se traduce por disminución del contenido mineral óseo, que les confiere la dureza característica, microfracturas trabeculares del hueso esponjoso de la vértebra y sustitución del tejido hematopoyético (médula roja) por tejido adiposo (médula grasa) (Figura 1). Estos cambios se producen de manera gradual en todas las personas, especialmente en las mujeres a partir de la menopausia y, cuando son muy acentuados, producen un deterioro del tejido óseo que se conoce como osteoporosis.
La osteoporosis se caracteriza por un incremento de la fragilidad de los huesos, de forma que, pequeños traumatismos apenas conscientes como: dar un traspiés inesperado, un tropiezo bajando por las escaleras o pisar fuera del bordillo de la acera, etc, pueden provocar una fractura del cuerpo vertebral, que suele pasar desapercibida para la persona que la sufre. Este tipo de fracturas, por compresión, debidas a un mecanismo de anteflexión brusca, provocan un acuñamiento del cuerpo vertebral. El muro posterior de la vértebra no suele aplastarse y por eso su repercusión patológica es menor. Este tipo de fracturas son más frecuentes en la columna dorsal y en la lumbar.
Muchas veces se descubren vértebras acuñadas en una radiografía lateral de tórax realizada por otro motivo. Siempre surge la duda, si es una lesión reciente o antigua. La mayoría de las veces el propio paciente desconoce el problema y cuál fue la causa que lo produjo ¿Qué hacer en estos casos?
FIGURA 1) Representación figurada de una vértebra normal, (Izda) de morfología cuadrada, con médula hematopoyética. En el centro, la osteoporosis produce hundimiento cóncavo de los platillos por la presión de los discos. A la derecha, un pequeño traumatismo puede provocar acuñamiento del cuerpo vertebral, por microfracturas trabeculares.








