Don Mariano Garcés Sopena había sido fuerte como los robles que crecen en las montañas de su Pirineo natal. Pero de un tiempo a esta parte las cosas habían cambiado. Se estaba haciendo mayor y comenzaban a aparecer los primeros achaques. El último le estaba amargando el carácter porque nadie le hacía caso. Había notado una pérdida de fuerza en sus piernas a raíz de una bronquitis aguda muy fuerte. Ya no podía caminar como antes y sentía una molestia indescriptible en las costillas.
Don Prudencio Fantova Artasona, su médico de familia lo había explorado a conciencia y no encontró nada llamativo salvo una ligera paresia en la pierna derecha. Pero como su paciente insistía e insistía, le solicitó una TAC torácica a la vez que le insinuaba señalándole con el dedo -"Mariano, esta prueba es como el ojo que todo lo ve. Si resulta normal ya te puedes ir olvidando de tus dolencias". "Te voy a enviar a Zaragoza".
Cuando llegó a nuestro servicio se le practicó la exploración solicitada sin que, a primera vista, hubiera nada llamativo en los pulmones. Pero al examinar con más detalle la columna alguién observó una pequeña imagen oscura en el interior del canal espinal. Era apenas perceptible y, por eso, difícil de etiquetar (Figura 1).
FIGURA 1) Imagen hipodensa, mal definida, situada en el canal espinal (ventana de hueso WL 700 WW 2650)






